lunes, 4 de enero de 2010

Cuando la vida nos da otra oportunidad.

Mi vida, al menos estos últimos diez años ha estado regida por obstáculos, limitaciones y contrarios muy difíciles. Deduje que la vida y yo no nos entendíamos, como si estuviera en mi contra. Una serie de adversidades desgastaron mi voluntad antes de que ésta se desarrollara y me dejé abatir. Las cosas buenas adquirieron calidad de inaccesibles. Y llegó un momento en que decidí ya no enfrentar a la vida y reservar mi voluntad para cosas internas, limitándome a cumplir con lo estricto y no esperar más de ella. Negué e ignoré cada reto o desafío que me salía al paso porque me sabía de antemano derrotado. Así aprendí a vivir por inercia, porque tenía que vivir y nada más.

La vida presiona hasta doblegarnos. Pero no nos mata. Nos concede un lapso de recuperación y esperanza; después de esto ejerce presión otra vez y uno se sorprende de que se ensañe tanto. Aún así, uno continúa. Hay algo dentro de uno que se aferra, que resiste y espera paciente una oportunidad más, aunque sea mínima, para resurgir. En el fondo uno se pregunta: "¿Y si, a pesar de todo, lo intentara otra vez? ¿Qué pasaría?, ¿Y si continúo, si intento algo nuevo?". Y es cuando uno intenta superar barreras y romper con limitaciones, movido por un anhelo de trascendencia, un no aceptar la derrota, no dejarse caer. Será ego, orgullo o un sentir genuino, pero es una llama, que en otras circunstancias no se hubiera encendido.

La oportunidad está ahí.

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