domingo, 1 de agosto de 2010

Historia de un guerrero.

Una historia que esbocé hace 5 años y no terminé:
"El camino del guerrero es arduo. En el momento que decides recorrerlo, lo que suceda es tu responsabilidad. Lo que sucede afuera es incierto, mas lo que ocurre dentro de tí es tu responsabilidad. Avanzar sin obstáculos no es avanzar realmente, pero los contrarios no te pueden detener, eres tú quien por ellos se detiene.
Aquellos que se abandonan a la ruina y se envanecen de ella ignoran su debilidad, pues no es difícil entregarse al mal y la mezquindad. La malicia y falsedad distingue a los ingenuos, que ignoran ser esclavos de sus debilidades.
Como guerrero, encontrarás sufrimiento y contradicción en el camino, pero deberás aprender de ello sin envilecerte. Entonces lo habrás superado... y te habrás fortalecido".
Estaba el guerrero peleando, rodeado de enemigos, su conciencia a punto de extinguirse; intentando recuperar su enfoque y reconcentrar sus fuerzas, pues en esta guerra, bajar la guardia y dejar de luchar significaba exponerse a un golpe casi mortal, bastante fuerte para enviarlo a la oscuridad.

Sobreponerse era difícil, pues sus fuerzas se habían agotado en el camino, resistiendo los asaltos en turno y divisando los próximos, esperando su momento.

Pero nada lograba vencerlo. Recuperarse, retomar la lucha, volver a caer y levantarse otra vez. Una guerra perpetua.

La duda lo invade y se pregunta si resistirá, si sobrevivirá. ¿Podrá recuperarse a tiempo? ¿De dónde sacará fuerzas? ¿Qué le impulsa a seguir, necedad, costumbre, orgullo o fortaleza? ¿Rendirse o sucumbir firme? ¿Es la muerte, derrota o libertad? ¿Qué tanto se prolongará esta guerra?

Aún no han sanado sus heridas y ya ha recibido otras. Sus fuerzas y voluntad disminuyen; su resistencia comienza a ceder. Sus esfuerzos comienzan a parecerle insignificantes y sus enemigos, imbatibles. Sin embargo, sigue golpeando. Por voluntad o instinto, pero sigue luchando.

De súbito se esfuman sus enemigos, pero éstos volverán, así que no baja la guardia. La soledad le proporciona una paz temporal que es sólo el preámbulo de una confrontación más aguda que la anterior, pero él aprovecha esta calma aparente para reponerse y asimilar el camino recorrido. Se había vuelto desconfiado, temeroso, pero también se había templado. Y vió que siempre, de algún modo, lograría salir adelante, como lo había hecho hasta ese momento; y que sus enemigos, a pesar de todo, no habían podido vencerlo, ni él se había dado por vencido.

"Si después de todo sigo aquí, es posible que cumpla mi destino", se dijo el guerrero meditando.

De esa comprensión obtuvo una incontenible fuerza.

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