miércoles, 15 de septiembre de 2010

Acerca de mi...

Mi seriedad aleja a las personas y las hace pensar de mí como soberbio o altanero, pero no soy así; no entienden que me cuesta un poco de trabajo socializar, romper el hielo. Soy difícil de tratar, pero esto es sólo al principio. Después soy accesible, amable y hasta ameno.

A veces tiendo a alejarme de la gente para evitar que sienta afinidad por mí; de otro modo le causaría desdicha. No quiero decepcionar a nadie, por eso marco mi distancia. Además, las dependencias emocionales que se depositan en uno son una carga cuando se es consciente de ellas. De esto se deriva un sentirme asfixiado por intentar cubrir vanamente las expectativas que depositan algunos en mí y que tal vez yo mismo genero, no sé cómo ni por qué.

Soy tímido y reservado, pero una vez que me siento en confianza comienzo a hablar y a decir cuanta tontería se me ocurre; paso a ser de introvertido a muy bobo, y a veces hasta me excedo en las bromas, llegando a ofender a mi interlocutor, pero nunca lo hago con mala intención. En mi contento no me mido.

Me es difícil hablar de mi trabajo, porque no me identifico con él ni lo considero parte de mi vida. Es sólo una actividad que se realiza para ganar dinero y obtener bienestar físico, mas no felicidad; que se realiza mecánicamente y no exije mucho. He tenido muchos trabajos, y sin importar de qué se trate, no busco ni encuentro en él realización alguna. Me limito a ejecutarlo lo mejor posible y desisto si acaso no doy la talla. Lo que me pesa del trabajo no es el esfuerzo sino el tiempo invertido. Pero es una actividad mezquina que se debe cumplir.

Lo primero que pregunta una persona al conocer a otra es "¿A qué te dedicas?" A mí me preguntan esto siempre. La gente necesita el referente laboral para ubicarlo a uno y sin esta pieza se siente incómoda, porque no es capaz de catalogar. Me gusta jugar con eso porque considero que el trabajo no me define, pero para la gente es tan importante encasillarme a través de lo que hago, que no le permito saberlo. "¿Qué estás haciendo?" es una pregunta que me divierte, porque obedece más a la curiosidad o morbo que a un interés genuino por la persona a quien se le pregunta.

Cuando por fín revelo mi oficio en turno les sorprende que éste sea tan sencillo y humilde... ¿qué esperaban?

Me gusta dibujar a la vieja usanza, con lápiz y papel. Me niego a cambiarlos por algún artilugio electrónico. Quiero depender de la tecnología lo menos posible. Cuando estoy inspirado me meto tanto en el asunto que pierdo la noción del tiempo, pero mi vista cansada me impide dibujar tanto como yo quisiera.

Me gusta salir a caminar. Sí, caminar. Me gusta la sensación de "insertarme en la sociedad sin formar parte de ella", y si el día es nublado, mejor. Es una experiencia casi onírica, completamente distinta a caminar por rutina o con prisa.

Tengo pocos amigos y me cuesta trabajo conservarlos, pero esto no quiere decir que no valore su amistad. Me gustaría decirle a todos que los estimo y los quiero, pero las palabras son vacías si no son sustentadas con hechos y me cuesta trabajo expresar física o verbalmente lo que siento por ellos, así que busco otras formas de demostrar mi afecto que, aunque nunca sustituirán un abrazo o un "Te quiero", dejan constancia de mis sentimientos... o al menos espero que así sea.

De todos mis defectos, uno de los peores es que casi nunca contesto el teléfono celular. No acostumbro traerlo conmigo y mis amigos odian eso. Un día se juntarán todos y protestarán frente a mi casa exigiéndome que le dé el uso justo. Por cierto, hace años que no cambio de celular. A fin de cuentas este cumple su función y lo cambiaré cuando sea necesario.

Mi mejor amigo: Babuchas, mi gatita. Tiene 13 años conmigo, desde 1997, y es una dulzura. En verdad es casi mi hija. Está conmigo mientras dibujo, escribo o estoy sentado aquí frente al monitor. Es tan expresiva que sólo le falta hablar. Siempre que llego a casa me recibe, como saludándome. Cuando entro a la cocina ella lo hace atrás de mí. Hemos vivido muchas cosas juntos durante más de una década. Mi bebé es sagrada para mí, fundamental en mi vida; nunca pensé que podría yo querer tanto a alguien. Enfermó el Domingo 16 de Mayo del 2010. Tuve que dormirla el Lunes 7 de Junio del 2010. Fue la decisión más dolorosa y difícil que he tomado; ese día algo se rompió dentro de mí. Hablo de ella en tiempo presente porque sigue conmigo, aquí dentro. ♥


Dios la bendiga.

Mi mal hábito: trasnochar. Me desvelo mucho, pero procuro que valga la pena. Me pongo a leer, escribir, dibujar, vagar en la Red... o simplemente me recuesto mirando hacia el techo, unas veces enfocando mi atención en un asunto determinado, otras solo divagando, sin concretar pensamiento alguno. Pero es en la noche/madrugada cuando mi mente e inspiración despiertan. Es sólo en mis noches de desvelo cuando me siento feliz con mi vida imperfecta... o quizá me siento feliz porque me separo por un momento de ella.

No fumo ni tomo, pero soy adicto al café (pero ya lo estoy dejando).

Me gusta la soledad. La mayoría de mi tiempo libre lo paso solo, pero muy a gusto. He aprendido a llevarme bien conmigo mismo, pero esto no me exime de conflictos internos. De hecho, he librado muchas batallas en mi conciencia porque quiero ser mejor de lo que soy. Me he ocupado de "sacar la basura", pero aún no termino. Aspiro a ser más que un hombre ordinario.

Hago ejercicio por temporadas. Entiendo mi cuerpo y tengo ya una rutina establecida para él. Cuido mi cuerpo por salud, no por verme bien, pero hay momentos en que la vanidad me invade. Dicen que si uno se ve bien, se siente bien. Yo digo que uno debe sentirse bien independientemente de cómo se ve. Esa es la verdadera seguridad en sí mismo.

Odio las conversaciones filosóficas e intelectualoides que acostumbran los sabidillos. Siempre poniendo sus conocimientos y lógica a prueba para alimentar su ego, impresionan de entrada pero aburren pronto y resultan patéticos. Me gustan las conversaciones ligeras, en las que uno puede hablar como le plazca, a sus anchas; sin temor a cometer una imprecisión o decir una tontería; sin cuidarse de cometer alguna insignificante falta de ortografía, evidenciada por un estúpido Grammar Nazi; sin temor a herir susceptibilidades. Me gustan las charlas completamente libres.

Soy fan de los chistes malos. Ahí va uno: ¿Por qué a los abogados los entierran en lo más profundo de la fosa? Porque en el fondo son buenas personas...

Advertí que era malo. Compensaré ese lapsus con algunas de mis citas favoritas:

"Aún dentro de un universo regido por el determinismo mecánico, el hombre es libre interiormente y puede conquistar la tranquilidad del espíritu". Epícuro.

"Los hombres superiores se encumbran en la misma proporción en que se rebaja su entorno". José Ingenieros.

"El verdadero Sabio es el que vuelve todo a su favor". Juan Clímaco.

"No hay nadie más vacío que quien está lleno de sí mismo". Proverbio irlandés.

"No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba". Séneca.

"¿Podrías limpiar el espejo de tu mente hasta dejarlo puro y sin mancha?". Lao-Tse.

"La ternura de un amante no es una afección benévola, sino un apetito grosero que quiere saciarse". Sócrates.

"Varas y piedras podrán romper tus huesos pero las palabras nunca podrán dañarte". El señor Feeny.

"Si yo pudiese alcanzar de polo a polo o abarcar el océano con mis brazos, pediría se me midiese por mi alma, porque la verdadera medida del hombre es su mente". Joseph Merrick.

Mis libros favoritos: El Hombre en Busca de Sentido, de Viktor Frankl. Impaciencia del Corazón de Stefan Zweig. Díalogos de Platón.

Actualizado a Septiembre del 2010.

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