jueves, 5 de abril de 2012

Si mañana fuese mi último día de vida...

No haría nada extraordinario. Intentaría concluir aquellas cosas que he dejado pendientes (detalles como pequeñas deudas o desperfectos en la casa). Guardaría en cajas la mayoría de mis cosas, excepto las que fuera a necesitar a lo largo del día.

Dejaría algún tipo de escrito a modo de «testamento psicológico», donde agradecería a los más cercanos por no haber sido del todo indiferentes y añadiría algunas reflexiones generales sobre lo que para mi significó la vida.

Renunciaría a mi trabajo, agradeciendo por haberme contratado. Daría una última caminata por las calles que me agrada recorrer de vez en cuando.

Llegando a casa me daría un baño, esmerándome en mi higiene y aspecto más de lo usual. Comería y/o cenaría lo mismo de siempre, acompañado de la música que más me gusta. Iría a acostarme a leer un buen libro, pensando en muchas cosas y esperando el final. Lo haría así a fin de concluir mi vida de un modo que me parece decente.

También existe la posibilidad de que me inunde una desesperación terrible por comprimir, en veinticuatro horas, todo aquello que jamás me atreví a  hacer. Pero esto solo aumentaría mi frustración y creo que en tal circunstancia lo mejor es conciliarse con la vida y mantener cierta paz.

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