viernes, 23 de agosto de 2013

El amor, un sinsentido.

El amor es un sinsentido. Nos afanamos en su búsqueda, como si nos fuera a brindar la felicidad, cuando hay evidencia de sobra que demuestra lo contrario: nos causa más desdicha y penas.

Si, se encuentra impreso en el código genético. Es un mecanismo de supervivencia: crear vínculos para la propagación de la especie.

Estamos condenados a padecer sus efectos (euforia, incertidumbre, celos, cursilerías desesperantes, escuchar a Peter Cetera) y aunque nos aisláramos en una cueva, sentiríamos la necesidad de colmarlo.

El enemigo está "dentro de casa". No es la chica de la cual uno se enamora, sino los mecanismos fisiológicos que hacen que uno se enamore de ella.

Pero conlleva una desventaja: la dependencia. En cuanto nos estrechamos emocionalmente a una persona, nos volvemos vulnerables a todo lo que diga o haga, y nuestra paz cede a una intranquilidad constante.

El amor es un sinsentido. Y sin embargo, sería antinatural privarnos de su búsqueda.

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