lunes, 10 de mayo de 2010

Mis andanzas en el "Cuarto Camino".

En una anterior entrada mencioné que era afín a muchas ideas con tendencia mística, sin precisarlas todas ni ahondar en ellas. Bien, pues una que no mencioné en esa entrada es de la cual hablaré ahora: el Cuarto Camino. Una de las que más ha influido en mí.

¿Qué es el Cuarto Camino? Básicamente es una vía de Desarrollo Interior enfocada en el trabajo simultáneo del cuerpo físico (Centro Motor), mente (Centro Intelectual) y emociones (Centro Emocional), cuyo principal método es la Observación de Sí. Peor resumen no pude haber hecho.

Para no ahondar en explicaciones que hagan más tedioso este post (de por sí será un poco extenso) remito a la Wikipedia en inglés como referencia provisional, ya que la descripción que se hace del 4to Camino en español no tiene pies ni cabeza y puede generar confusiones y desinformación:


Creo que mi primer diario personal [he eliminado el enlace] deja entrever, sino es que salta a la vista, su influencia. Aunque me he liberado en mayor parte de esa jerga aún conservo reminiscencias de ella. Esa ideología y jerga trastocaron bastante mi diario; quien sea entendido en el tema se dará cuenta de ello de inmediato.

Entré en contacto con el Cuarto Camino no a través de libros, como quizás debió ser.

Una noche de Mayo del año 2000 sintonicé la frecuencia AM (no acostumbraba hacerlo) y cambiando de estaciones al azar escuché un locutor hablar del amor, pero no de forma superficial como hacen los psicólogos o los "doctores corazón". Este hombre hablaba de los movimientos psicológicos que dan origen al amor e hizo una clara distinción entre un amor proveniente de la atracción física (la química) y un amor altivo e incondicional que surge del interior (comprensión). Lo que escuché me hizo "corto circuito". Me creó sentimientos encontrados pero no lo descarté porque había algo profundo en sus palabras y que tal vez necesitaba escuchar. El locutor, Martín Aparicio.

Después de esa noche comencé a darle seguimiento hasta quedar realmente enganchado. Tanto, que sus conceptos se convertirían en algo básico para orientarme en la vida. Sentí haber dado con el quid de las cosas. Como entonces no tenía grabadora lo anotaba todo, intentaba no perderme el programa y si lo hacía sentía que algo me faltaba. Así inició mi "andar". Ahora quisiera honrar a Martín Aparicio sin llegar a la apología.

Tengo mucho qué agradecerle. No podría yo retribuirle su ayuda, las herramientas psicológicas que me dió para salir adelante o al menos lograr sostenerme. No lo menciono en mi diario, sin embargo me refiero a él como "mi maestro", porque así lo llegué a considerar y lo sigo apreciando. Su facilidad de palabra es notable. Su paciencia para con los "novatos" y profanos es enorme. Lo considero culto, inteligente y sabio. Culto porque responde casi cualquier pregunta y de manera completa y acertada; inteligente porque es capaz de explicar temas complejos de manera sencilla; y sabio porque con todo lo que sabe no pierde su brío y no ostenta la arrogancia que sus alumnos, quienes no saben ni la mitad que él.

Aquí termina la no-apología.

Sus palabras fueron en su momento un gran sostén y en un punto crítico, el único. Mucho de lo que aprendí de él lo sigo aplicando y ocasionalmente escucho su programa de radio. Sin embargo, creo sus palabras han perdido fuerza y su mensaje, consistencia. Definitivamente ya no es el mismo de antes. Creo que el entusiasmo inicial por sus enseñanzas ha pasado ya, además que al tener acceso a otras fuentes de información me he dado cuenta que mi incultura fue terreno fértil para ellas.

Reitero que no he descartado del todo lo que enseña Martín, pero me niego a pertenecer a ese colectivo que se forma alrededor de él y el cual me parece él percata y consiente. A partir de esto comencé a marcar una línea divisoria que gradualmente se ha ido asentando.

Es justo rendirle honor a quien lo merece. Idealizarlo es un error en que muchos incurrimos pero endiosarlo es demasiado y quizá hasta patológico. Alguna vez un "cuartocaminero" se atrevió a comparar a Martín con Jesucristo. Si eso no es fanatismo o ver las cosas fuera de proporción entonces no sé qué sea. Las cosas medianas le parecen extraordinarias a las mentes pequeñas, como un niño encuentra gigante a su padre. Martín se desenvuelve muy bien en sus conferencias. Su experiencia durante más de 10 años como conferencista y locutor le han dado labia e insight. Pero hay que ver cuando las mentes pequeñas le aplauden al final de cada conferencia, maravilladas por aquél despliegue en el escenario. No, no es para tanto. Primero hay que leer a Maurice Nicoll, en quien Martín se ha inspirado mucho, para tener una perspectiva más amplia y no magnificar lo que imparte en sus conferencias.

Es un tanto abyecta la gente que se emboba con él; gente cuya prioridad en la vida es asistir a sus conferencias como si fuera asunto de vida o muerte y se molesta con quien no piensa igual; gente que alimenta su soberbia al sentirse poseedora de "La Verdad". He sido testigo de este doble rol de sus seguidores: serviles con la figura de Martín y despectivos con los del "círculo externo". Martín debería enseñarle a esos seguidores lo absurdo que es empoderarse ante otros por adquirir conocimiento y el bajo nivel mental que supone hacer uso de la Verdad Combativa. "Tener fundamentos" no da licencia para usarlos como arma. Lo digo por algunos "cuartocamineros avanzados", que llevan más de 100 conferencias encima (asisten a las tan respetables y casi míticas Conferencias N) y siguen exhibiendo defectos de carácter propios de los seres "mecánicos" que tanto critican. Por cierto, sigo sin entender su afán de colocar a otros la reduccionista estampa de "mecánicos" para distinguirse de ellos.

Martín ha iniciado un negocio de Multinivel (compuesto de una serie de libros, videos y audios sobre sus enseñanzas: una mezcla de Cuarto Camino y sus propias investigaciones y disertaciones) que promueve fastidiosamente en su programa de radio. Ya recibí el obligado correo SPAM por parte de mis otrora amigos "cuartocamineros", invitándome al "gran cambio social" que éste representa y el cual pretenden que difunda. La primicia es buena: la liberación del sufrimiento y la obtención de la felicidad con su respectiva ganancia económica. El Multinivel de Martín busca llenar o aprovechar un hueco en el colectivo psicológico pero al difundirlo en forma de negocio corre el peligro de convertirse en uno de tantos movimientos New Age, quizás más fundamentado que otros pero no exento de crear fanatismo el cual me consta existe y abunda en sus admiradores.

Ahora, sobre el modo de difundir esta empresa, quiero decir algo. Cada quien tiene el derecho de elegir el sistema de creencias que considere conveniente. Por muy fundamentado que consideren el conocimiento de Martín, también puede ser rechazado ya que uno tiene el derecho y voluntad de hacerlo, le pese a quienes "amablemente" inviten a abrazarlo. Esta invitación forzada resulta contraproducente por más que se quiera "hacer un bien". Ningún conocimiento debe intentar imponerse porque esto genera en automático, resistencia y hasta rechazo. Se invita, sugiere o propone con tacto y sin insistencia, y si la persona acepta, muy bien. Si acepta y se arrepiente después, su decisión debe ser respetada sin aplicar el vengativo criterio de concebirla como "mecánica" por abandonar la enseñanza o resentida por no soportar la gran verdad de Martín Aparicio. Tales criterios no vienen al caso.

Estoy seguro que con lo anterior he fomentado el desprecio hacia mí y seguramente tendré mi buena dosis de refutaciones y ridiculización, además de ser catalogado como ignorante o "mecánico". Me extrañaría si no fuese de este modo.

Buena suerte a Martín y a sus seguidores que supongo ahora serán más.



PD: También, en mi anterior entrada aludí a otras ideologías "que por dignidad no menciono". Basta decir que una de ellas tiene que ver con un tal Emperador Xenu, implantes electrónicos, resucitar muertos y muchos otros bonitos y estúpidos "axiomas". Ya hablaré de ella después.

[Entrada relacionada: Amigo consciente].

viernes, 7 de mayo de 2010

Meditaciones pretéritas.

No es que no tenga qué decir sobre el presente pero ya tenía intención de rescatar y recapitular algunas ideas y reflexiones de hace 3 o 4 años. Tomaba nota de cada una de ellas en hojas y cuadernos. Reflexiones breves y al azar, no muy profundas, sin orden ni concierto; escritas en primera o cuarta persona. Lo importante son los motivos, los detonantes de estas reflexiones. En su conjunto eran mi intento por diluir el sufrimiento y liberarme de la presión que ejercía sobre mí la vida. En ellas se deja entrever mi tendencia a tratar de colocar fronteras entre ella, yo y hasta mi propia psique, rozando un estoicismo extremo y hasta el solipsismo.

Siempre he estado interesado en cuestiones psicológicas y filosóficas, particularmente el Estoicismo. También me siento atraído por cuestiones con tendencia mística. Budismo, Esoterismo y otras que por dignidad no menciono pero que me venían como anillo al dedo para levantar defensas psicológicas y me sirvieron para encauzar mi sufrimiento y darle un sentido elevado.

Cierto es que la mente amplifica los eventos que suceden pero también es un hecho objetivo que mi contexto era complicado y a veces se agudizaba bastante. Mis reflexiones eran mi forma de combatir ese contexto. Pensaba postearlas todas para revaluarlas, archivarlas y atesorarlas en la red pero sería innecesario (y trabajoso), así que posteo las que engloban mi (tal vez forzado) pensar y sentir de ese entonces. He aquí otro vistazo a mi mundo interno:

Sobre la felicidad...

Tenemos estereotipos sobre la felicidad. Que la felicidad es esto o aquello, que las cosas deben ser de cierto modo y si no se dan como las hemos imaginado, uno se frustra. Al no ser nuestra idea de ella compatible con la realidad, surge un choque interno llamado frustración. Sin embargo insistimos en adueñarnos psicológicamente de los elementos externos que no nos pertenecen porque que nada tienen que ver con nosotros realmente. Pero nos identificamos con ellos, nos los atribuimos y nos decimos "esto debe ser mío, debo lograr aquello, debo convertirme en esto otro", lo cual es esclavitud. Es convertir a la felicidad en expectativa, no en algo real. "Seré feliz cuando logre, obtenga o suceda esto o aquello". Es colocarse a merced de lo inesperado y permitir que el azar determine nuestra felicidad lo cual nos vuelve inflexibles y por ende prestos a la frustración, ante las contradicciones que experimentaremos de este modo.

La felicidad no está afuera donde todo es incierto y azaroso.

Obstáculos internos y externos...

Los percances nos pueden afectar física o externamente mas no internamente. Si uno intenta lograr o conseguir algo y falla en sus intentos, la mente se involucra con eso y reacciona con frustración, se asusta y uno puede llegar a decidir abandonar todo intento de logro, independientemente del grado de dificultad de la situación. Podemos tener enfrente uno o varios problemas que nos afectan exteriormente, pero estos no deben minar nuestra confianza ni trastocar nuestra seguridad.

Si se nos presenta un acto malintencionado y nuestras posesiones o circunstancias son afectadas, tanto las malas intenciones como su efecto (la agresión y el daño) son reales. Lo irreal y falso es asustarnos, intimidarnos o enojarnos ante ello, sin importar el tipo de agresión. Tampoco debemos reaccionar externamente abandonando nuestras tentativas de solución o logro.

Debemos aprender a distinguir y reconocer cuando la vida nos detiene y cuando lo hacen nuestros miedos; cuando pudimos lograr algo pero dudamos de nosotros, nos atemorizamos y no emprendimos la acción. Es natural ser abatidos ocasionalmente por la vida, mas no podemos permitir ser derrotados por nuestra mente y sus miedos.

Desconfiar de la vida, desconfiar de la mente y confiar en sí mismo.

Sobre el mal...

Nuestro Ego le da poder a los actos mezquinos. Sin aquél, éstos no existen. Un ser superior, carente de ego, reconoce las malas intenciones pero se encuentra por encima de ellas y no lo alcanzan. Así que no se siente aludido ni se ofende. Porque no es la mezquindad circundante la causa del malestar sino el ego que llevamos dentro. Sin ego no hay agravio. El ego se proyecta y magnifica el mal. Según la interpretación del agravio es el impacto.