domingo, 18 de agosto de 2019

Bigger (2018).

Película sobre Joe Weider, pionero del culturismo y fundador de la Federación Internacional de Fisicoculturismo (IFBB). Si bien en su momento el fitness no era un concepto desconocido (gracias a Jack Lalanne, el padrino del fitness), tampoco formaba parte de la vida del ciudadano común. Joe se propuso hacerlo un hábito general.

Las actuaciones son pobres y algunas situaciones son de telenovela. Todo está relacionado con el culturismo, incluso la muerte, lo que hace que algunas líneas sean chuscas ("los veré desde el cielo, vigilando que realicen la última repetición de cada set"). El actor que interpreta a Weider tiene el carisma de una tabla, es inexpresivo. El personaje antagónico es el clásico malvado que ríe siniestramente después de formular sus planes.

La película tiene hechura similar a las que realizan los grupos sectarios con fines proselitistas. Es como un filme cristiano o de cienciología, solo que aquí la religión es el culturismo. Pero la ambientación de los años cuarenta y cincuenta está bien lograda.

La escena medular es cuando Weider conoce a un joven Arnold Schwarzenegger, que está entrenando con barriles de vino en un escondrijo oscuro. Weider le extiende un dibujo en el que Arnold se reconoce. Weider le explica que ha dibujado ese arquetipo toda su vida. Ese encuentro supone un parteaguas.

El tema que siempre se escamotea es el uso de esteroides y esta película comete la misma omisión. Quien quiera enterarse del consumo subterráneo de esteroides deberá hacer una indagación propia en foros de internet. Y de tantos documentales solo hay uno honesto, "Bigger, Stronger, Faster", que expone el uso de sustancias por todos aquellos que se dicen “naturales”.

Si bien la intención de Weider era popularizar el culturismo, a casi ochenta años sigue siendo una práctica ajena al hombre común. La película muestra cómo Weider traiciona su propio objetivo: de ser éste hacer del culturismo algo colectivo, termina convirtiéndolo en algo de élite, buscando “especímenes“ inusuales para usarlos como imagen de la IFBB.

El culturismo no es para todos. No se puede masificar una práctica que exige un desembolso importante: gimnasio, alimentación, suplementos, implican un gasto que pocos pueden efectuar. Sin embargo, el discurso sigue siendo que todos deberíamos dedicar tiempo, dinero y esfuerzo a la consecución de un físico excepcional. Esta contradicción entre el ideal y la realidad suele frustrar a los que han picado el anzuelo. Así, lejos de provechoso se torna opresivo.

El culturismo actual solo genera morbo ante los cuerpos hechos de esteroides que no lucen sanos ni estéticos. De hecho, en una entrevista el propio Arnold Schwarzenegger señala la decadencia del culturismo actual y propone su depuración: un regreso a los ideales estéticos de la llamada Era Dorada. 

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