martes, 27 de septiembre de 2011

«Urge un cambio psicológico», de Jiddu Krishnamurti.

Lo encontré en una caja. Yacía guardado ahí quién sabe cuánto tiempo y a la fecha ignoro de dónde proviene. Comencé a leerlo a principios del año 2000... creo que fue en el 2001. No recuerdo bien. Entonces sentía mucho interés por cuestiones que tuvieran que ver con la meditación o alguna forma de profundizar en mi mente y conocerme. Es una recopilación de diálogos entre Krishnamurti e interlocutores anónimos sobre temas como el miedo, el amor, la dependencia, el condicionamiento, los sueños, etc.

Me sucedió algo interesante con este libro. Al leerlo, sabía que el autor trataba de comunicar algo importante pero yo no era capaz de profundizar en ello. Sentía que, aunque lo leía con detenimiento no podía captar la esencia del mensaje. La mía era una lectura superficial. A pesar de que traía el libro conmigo a todas partes, no lograba penetrar en lo que me podía transmitir realmente.

De repente, por fin pude «entrar». No sé si alguien recuerde los estereogramas: aquellas imágenes planas en las que hay que entornar los ojos de cierta forma para poder ver lo que encierran. Bien, pues al comprender el libro ocurrió eso mismo, pero en mi mundo psicológico. Así que, para mi, ese libro tiene dos niveles de lectura distintos, si se puede decir así. Supongo que no es el libro en si, sino la filosofía de Krishnamurti. Quizá habría experimentado el mismo fenómeno con «Más allá de la violencia» o «El vuelo del Águila» si los hubiese leído primero. Pero no tenía otro libro mas que ese y no sabía nada del autor.

No sé si el libro me ha cambiado la vida pero ciertamente ha influido en mi forma de pensar y a la fecha lo sigo leyendo. Es uno de esos libros que considero «infinitos» en el sentido de que siempre puedo extraer algo más de ellos.

Fue una gran experiencia haberlo descubierto.

Krishnamurti en California, 1972.

1 comentario:

  1. ¿Por qué no debería uno sentir placer?



    Vemos una bella puesta del sol, un árbol hermoso, el movimiento amplio y curvo de un río, o un bello rostro, y mirar eso nos da un gran placer, nos deleita. ¿Qué hay de malo en ello? A mí me parece que la confusión y la desdicha empiezan cuando ese rostro, ese río, esa nube, esa montaña se convierten en un recuerdo, y ese recuerdo exige entonces una continuidad mayor del placer; deseamos que tales cosas se repitan. Todos conocemos esto. He tenido cierto placer, o usted ha experimentado cierto deleite en algo, y queremos que eso se repita. Ya sea que se trate de algo sexual, artístico, intelectual, o de otro carácter, queremos que se repita; y yo pienso que ahí es donde el placer comienza a nublar la mente y a crear valores falsos, irreales.


    Lo que importa es comprender el placer, no tratar de librarnos de él; eso es demasiado tonto. Nadie puede librarse del placer. Pero es esencial comprender la naturaleza y estructura del placer; porque si nuestra vida es tan sólo placer, y eso es lo que deseamos, entonces con el placer llegan la desdicha la confusión, las ilusiones, los valores falsos que creamos, en consecuencia, no hay claridad.



    5 DE ABRIL OCK- Vol. XV
    http://seaunaluzparaustedmismo.blogspot.com/

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