lunes, 2 de abril de 2012

Acotación sobre Cienciología.

No pensaba volver a tocar el tema pero, desde la última vez que lo hice han ocurrido cosas muy interesantes. Cienciología enfrenta demandas por estafa en Francia. Una ciencióloga australiana enfrenta problemas legales por ocultar casos de abuso infantil. En Puebla, México, intentó introducir las «enseñanzas» de Hubbard en el sistema educativo. En Rusia ha sido ya proscrita.

Últimamente han surgido bastantes testimonios de ex-cienciólogos que narran los abusos sufridos durante su tiempo en la secta. Algunos de ellos se consideran «libres» al estar fuera de la organización; pero su libre criterio les fue arrebatado y siguen fieles al sistema ideológico. Los más inteligentes lo han desechado, otorgándose así la posibilidad de rehacer una vida con fundamentos propios. Son éstos últimos los que me han animado a externar algunos puntos que omití hace casi dos años.

¿Mi experiencia en Cienciología? Afortunadamente jamás me involucré realmente en ella. Pero mi padre sí, así que prácticamente este culto entró a mi casa, yo no lo busqué. Ahora, ¿hizo Cienciología de mi padre una mejor persona? Si ser una mejor persona es intentar imponer una cosmología absurda en sus hijos, someterlos a repetitivas y estúpidas Rutinas de Entrenamiento sin haber cumplido los 8 años, castigarlos por errores que no cometieron, y denigrar constantemente a su esposa: sí, mi padre fue hecho a la medida de L. Ron Hubbard. Pero un mejor ser humano... no lo creo.

Recuerdo un incidente en un vecino comenzó a ocupar el lugar de estacionamiento que nos correspondía a nosotros. Lo lógico era que mi padre hubiese ido a hablar con él, pero en vez de eso redactó una larga carta solicitándole que desocupara el lugar, y envió a mi madre a entregar esa carta. El gran cienciólogo estaba haciendo uso de su elevado Nivel de Comunicación, pero no tuvo el valor para confrontar directamente al vecino; en cambio sí lo tuvo para enviar a su esposa en representación. Fue un momento muy sui generis acompañar a mi madre a la casa del vecino. Jamás olvidaré el rostro avergonzado de mi madre, así como las miradas burlonas que el vecino nos dirigió. Mi padre, con aire triunfante, se justificó diciendo que no había mejor solución que esa. Obviamente jamás iba a reconocer que le faltó valor para dirigirse en persona al vecino. Un acto de cobardía disfrazado de diplomacia.

Peor cobardía es violentar psicológicamente a un par de niños por falta de ética. Por supuesto, según mi padre, dos niños de 5 y 7 años ya deben tener un Código de Ética bien estructurado, y no seguirlo al pie de la letra es un crimen. Me viene a la mente la vez que mi hermano y yo nos pintamos el rostro emulando a los integrantes de un grupo de rock, y mi padre al vernos dijo:

- ¿Saben quienes son los únicos que se pintan la cara? Las putas y los maricones.

Un juicio bastante fuera de lugar, ya que a nuestra edad no teníamos idea de qué era una «puta» o un «maricón». Pero ese juego infantil fue suficiente para que el respetable cienciólogo se indignara y nos sentara a la mesa a discutir durante 4 horas nuestra falta de ética. Entiéndase que una charla de 4 horas no es nada para un hombre adulto, pero someter a unos niños de 5 y 7 años a una discusión en la que debieran justificar los motivos de su conducta anti-ética es otra cosa: violencia psicológica. Sí, la que suelen aplicar en Cienciología. Y no fue la única vez. La última charla-sermón que mi padre me dedicó fue cuando tenía 13 años (mi hermano, tengo qué decirlo, siento que se fue sometiendo a las reglas de mi padre, a la vez que yo me revelaba contra él) y con el tiempo nos fuimos convirtiendo en antagonistas.

Mi padre veía en mí a un enemigo porque cuestionaba su autoridad, y yo veía un enemigo en él por toda la coerción que siempre intentaba aplicar en nosotros en aras de la «ética y la armonía familiar». Para él, yo era un disidente. Para mí, él siempre ha sido un manipulador. Ha sabido aparentar valor e integridad, aprovechando las carencias de la gente para quedar ante ella como benefactor (tal como hace la Cienciología, que aprovecha cada desastre natural para promoverse como buena). Así va construyendo su imagen. Farol de la calle, oscuridad de su casa.

Definitivamente, mi madre se llevó la peor parte. Desde el inicio de su relación con mi padre tuvo que lidiar con cienciólogos: la familia de mi padre, compuesta por 3 hermanas y su madre. Vivían en un departamento sucio. Siempre desaseadas y sumidas en la mediocridad, tenían desplantes de soberbia y se comportaban como si formaran parte de la élite social. Pero estaban lejos de ser inofensivas. Obsesionadas con fastidiar a otros, Cienciología les dio las herramientas para ello. El núcleo de su «filosofía de vida» consistía en que, para tener ganancias había que encontrar la «ruina» en cada persona y explotarla. «Busca los botones en la gente», decían.

Envidiosas criticaban a mi madre constantemente. De pendeja no la bajaban, y se alteraban muchísimo cuando ella detectaba las incongruencias de sus magníficas pero falsas historias. Todos en esa familia son mitómanos, y ya que en el mundo real sus mentiras no tienen mucha aprobación, se apoyan mutuamente en sus fantasías que redondean con el tiempo para hacerlas más creíbles cada vez.

Recuerdo la vez que una hermana de mi padre vino de visita. Yo estaba sentado a la mesa leyendo el Nuevo Testamento (desde el punto de vista esotérico y simbólico, que por entonces me interesaba) y entonces se sentaron a la mesa también, ignorándome, así como siempre los he ignorado yo. Mi padre comenzó a hablar de la gente estúpida que lee el Nuevo Testamento, (siempre se ha valido de indirectas para «invalidar») secundado con risas de su hermana. Después sacaron el tema de la religión como «implante electrónico» y ahí se soltaron con su rollo dianético.

Ni siquiera respetaron la memoria de mi madre. Después de discutir el tema religioso a su particular modo, mi padre se atrevió a decir que el cáncer que le costó la vida a mi madre había sido por «vivir en un Tono Bajo». Su hermana lo secundó diciendo que mi madre había «postulado su enfermedad».

Auténticos psicópatas, producto de la Cienciología. Fallidos intentos de seres humanos que buscan compensar sus carencias invalidando a los demás.

¿Qué es de ellos ahora? Jamás demostraron el potencial del que tanto se jactaban, y su vida real jamás coincidió con sus extraordinarias narraciones. La gente que odian se encumbra mientras ellos se hunden. Lo más irónico es que, en un mundo supuestamente lleno de enemigos, nadie les ha causado más daño que ellos a sí mismos. A mi padre lo consume el vicio del cigarro (¿un supuesto Clear dramatizando un volcán?). Siempre alardeando de ser su propio jefe, jamás pensó en su futuro, y a la fecha sigue trabajando sin posibilidad de jubilarse. Es un tipo enfermizo, prematuramente avejentado, sucio, vulgar, malos hábitos de higiene. Una hermana suya se sostiene trabajando, otra sobrevive de su esposo, y la más joven murió de un infarto por sedentarismo hace ocho años. La madre de todos ellos (quien los introdujo al  «innovador»  pensamiento de Hubbard) falleció en 1985.

Me da risa cuando los escucho hablar de «Estadísticas Altas».

A quien lea esto. Sepa que eso que promulgan los cienciólogos «independientes» (libres de la organización, pero aún esclavos de la ideología de Hubbard), que la Cienciología fue desvirtuada desde la muerte de Hubbard para causar mal, es sólo un engaño más para ganar confianza y hacer pasar a Cienciología como buena. Mi padre es cienciólogo desde principios de los 70s, cuando Hubbard aún vivía. Hay algunos libros en línea escritos por ex-cienciólogos que confirman la naturaleza destructiva de este culto, como A Piece of Blue Sky, de Jon Atack, o Messiah or Madman?, co-escrito por el propio hijo de Ron Hubbard, Ron DeWolf. Lo anterior también va para el cienciólogo que automáticamente haya interpretado al leer esto, que mi padre y su familia «aplicaron mal Cienciología». Por cierto, si la Cienciología, fuera de la organización, realmente funcionara, deberían demostrarlo fácilmente. Pero no lo hacen porque no pueden. A la fecha no existe un «Clear» producido dentro o fuera de la secta.

Tampoco faltará el ignorante que se escandalice por el modo en que me expreso de mi padre y su familia. Pues tengo todo el derecho de hacerlo. Y tengo la conciencia tranquila; no vivo perjudicando a los demás.

En cambio Cienciología, dentro o fuera de la organización, destruye vidas.

3 comentarios:

  1. Para ya concluir el tema rescato el heroico manifiesto con que por 4 años (07/12/2008 - 17/09/2012) me pronuncié contra la secta mediante cuentas apócrifas:

    "Librepensador y orgulloso anti- cienciólogo. Mi lucha es a través del pensamiento libre y a su vez una defensa del mismo. Esto es algo que Cienciología, con toda su Tech, ha sido incapaz de coartar. En cambio se ha ganado un opositor".

    Que era apoyada por una gran cita de Leonard Woolf:

    "Pienso que es no sólo mi derecho, sino mi deber cuestionar la verdad de todo y la autoridad de todos, pensar que ninguna cosa es sagrada y que ninguna cosa ha de ser considerada con religioso respeto".

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  2. No se si seguiras lehyendo los comentarios del blog, pero aún así simplemente querría informarle de que voy a recoger su tesminio, para un trabajo de investigación sobre la Cienciología. Junto con otros muchos testimonios que demuestran su devastador caracter. Espero que no le importe. Gracias.

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    1. @3luzbel:

      Al contrario, gracias por tomar en cuenta lo escrito aquí, y espero te sea de utilidad. Un saludo. :)

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