martes, 3 de julio de 2012

Testamento - Ficción.

Quiero ser puesto en estado de criopreservación durante 300 años y ser clonado en una versión más fuerte e inteligente que yo, que enloquezca en busca de dominio y poder. Entonces me descongelarán para detenerlo (porque sabré como piensa) e intentaré empatizar con él, sin éxito.

Seré customizado con implantes cibernéticos para igualar sus capacidades y se me ordenará destruirlo. Me invadirá una terrible nostalgia al ver que el 90% de mi cuerpo es reemplazado con componentes artificiales. Observaré mis manos y para mis adentros diré:

"...Estas no son ya mis manos, las que alguna vez pintaron, trabajaron y acariciaron. Ahora son como las de Shatterhand y carecen de sensibilidad. Me han sido implantadas para imponer la paz por medio de la guerra..."

Inevitablemente nos enfrentaremos en una épica batalla por el destino de la humanidad. Todo terminará con una gran explosión en la que ambos pereceremos; mi antítesis y yo nos convertiremos en polvo. Pero la raza humana será redimida por mi sacrificio, obteniendo la admiración que jamás tuve en vida, y la inmortalidad en su recuerdo.


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